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Caso de estudio
Un proyecto enfocado en decisiones prácticas y restricciones reales de un estudio editorial que recibe encargos por temporada.
El flujo de reservas estacionales nació de una necesidad concreta: coordinar pedidos de catálogos, cartelería y piezas digitales que llegan en oleadas según el calendario cultural. En lugar de improvisar cada vez, definimos un proceso que ordena la entrada de trabajos sin perder el carácter artesanal del estudio.
La primera decisión fue separar la recepción de briefs en dos ventanas anuales. Esto permite planificar la capacidad real de producción, reservar horas de diseño y evitar prometer entregas que después se acumulan. Cada cliente sabe desde el inicio en qué etapa del flujo entra su proyecto y cuándo puede esperar una devolución.
El sistema también incorpora una revisión intermedia obligatoria: antes de pasar a maquetación final, mostramos una dirección de arte con paleta, tipografía y retícula aprobadas. Esa instancia reduce las correcciones sobre el resultado terminado y mantiene la coherencia visual que buscamos en cada pieza.
El flujo redujo la cantidad de proyectos superpuestos y dio a los clientes un panorama previsible. Las entregas por etapas permiten ajustar el trabajo sin sacrificar la calidad tipográfica ni la coherencia visual de cada pieza.